Imagen creada con la herramienta DALL-E de OpenAI.
¡Qué mezquina! ¡Qué dañina
amanece esta mañana!
El sol abrasa más fuerte,
la luna no se acobarda.
Se han encontrado tres niños
en el patio de mi casa.
Uno se viste de lino,
otro de piedras y plata.
El tercero no se viste
más que de piel a la brasa.
Traen de otro mundo la risa,
espesa y acalorada,
que reparten por el patio:
piel quemada, voz quemada.
¡Qué mezquina! ¡Qué dañina
atardece esta mañana!
El sol parece la muerte,
la luna se fue a la cama.
El patio es una contienda
de rayuelas y de granjas;
entre dos se lo disputan
y el tercero nunca gana.
A este pobre mocito
hasta el calor le aventaja.
Yo les observo sentado
al través de una ventana:
ese patio no es mi mundo
y mi casa no es mi alma.
¡Qué mezquina! ¡Qué dañina
anochece la jornada!
El sol amaga sus luces,
la luna se desparrama.
Ya se recogen los niños
con el día que se acaba:
uno vuelve a su palacio
otro se tumba en la grama,
el último coge el sueño
en lo alto de una rama.
Cada cual con lo que tiene,
ninguno lo que le falta.
Ese patio no es mi mundo
y mi casa no es mi alma.
¡Qué mezquina! ¡Qué dañina,
florece esta madrugada!
El sol que me trae tres niños,
la luna que se los guarda.