miércoles, 25 de febrero de 2026

Rojo

 


Imagen creada con la herramienta DALL-E de OpenAI.


Roja es la leche del ciervo; roja, la sangre del alga.

Rojos sufren mis ojos; rojas se cierran mis pestañas.

Si me arrojo a la laguna, como todas esas noches,

el tinte de mis sonrojos, por supuesto, no es verde.

Rojo es mi pie desnudo, profeta en ir descalzo,

coronado de abrojos que tiemblan a cada paso.

Roja es el alma mía.

Tan rojo es hoy este mundo

que, si apago una roja vela,

la habitación, ahora invisible,

será de roja sombría.


Roja, bien roja la vela.

Roja, bien roja la sombra.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Un par de décimas

 

Imagen creada con la herramienta DALL-E de OpenAI.


Humo


La guirnalda que rezumo

como miel en un mercado,

por llenar el pareado,

es bien sabido: es humo,

ceniza negra a lo sumo.

Lo deformo y densifico,

parece cierto el humico.

Me haga toser o me irradie,

yo lo vendo como nadie.

Poetizar me hace rico.


Barquito de papel


Viento en popa, sol en proa,

mi barquito de papel.

Que nos sea el viento fiel

y corte el mar la canoa,

junto al delfín y la anchoa.

¡Brilla el astro en el futuro!

¡Ya me alejo de lo oscuro!

Huele a verbena y a sal

este agradable final

que en tu surcar aventuro.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Un agravio inolvidable

 

Imagen creada con la herramienta DALL-E de OpenAI.


Funnesiana la frente que no deja

marear los pelillos de esta riña,

trifulca sempiterna de la piña,

que pincha, pica, aceda y no se queja.


No hay rueca que desate esta madeja.

Si se teje en la piel, se vuelve tiña

o forúnculo, pero no se armiña.

Más daña si la riña es riña vieja.


Es un diezmo menor, pesado en lastre,

enquistado en el bazo del recuerdo,

resistente al paisaje de otro lado,


que nos aboca lento hacia el desastre,

me envenena la lengua si lo muerdo,

cieno será, mas cieno eternizado.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Cuento de los tres niños

Imagen creada con la herramienta DALL-E de OpenAI.


¡Qué mezquina! ¡Qué dañina

amanece esta mañana!

El sol abrasa más fuerte,

la luna no se acobarda.

Se han encontrado tres niños

en el patio de mi casa.

Uno se viste de lino,

otro de piedras y plata.

El tercero no se viste

más que de piel a la brasa.

Traen de otro mundo la risa,

espesa y acalorada,

que reparten por el patio:

piel quemada, voz quemada.


¡Qué mezquina! ¡Qué dañina

atardece esta mañana!

El sol parece la muerte,

la luna se fue a la cama.

El patio es una contienda

de rayuelas y de granjas;

entre dos se lo disputan

y el tercero nunca gana.

A este pobre mocito

hasta el calor le aventaja.

Yo les observo sentado

al través de una ventana:

ese patio no es mi mundo

y mi casa no es mi alma.


¡Qué mezquina! ¡Qué dañina

anochece la jornada!

El sol amaga sus luces,

la luna se desparrama.

Ya se recogen los niños

con el día que se acaba:

uno vuelve a su palacio

otro se tumba en la grama,

el último coge el sueño

en lo alto de una rama.

Cada cual con lo que tiene,

ninguno lo que le falta.

Ese patio no es mi mundo

y mi casa no es mi alma.


¡Qué mezquina! ¡Qué dañina,

florece esta madrugada!

El sol que me trae tres niños,

la luna que se los guarda.

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